dimarts, 3 de juny del 2008

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La primera vez que te saludé agitando la mano, empecé ya una lenta despedida. Un abrir y cerrar de ojos. Un intangible segundo en la eternidad de las horas.
Nunca podré sacar la lluvia de mis oídos, pero conseguiré dejar de ser un cuerpo de mármol cuando yo no estés aquí.

2 comentaris:

Anònim ha dit...

nunca dïgas nunca...

Anònim ha dit...

Otra vez y otra y otra y otra… repitiéndose sin fin, como un ciclo, como un perro mordiéndose la cola…