divendres, 11 d’abril del 2008

Acamando las mieses

Furia. Viento. Huracanes de lluvia habían soplado durante toda la noche calando las ventanas de las habitaciones desiertas, impregnando de pequeños espejos de cristal toda la ciudad dormida. La luna asustada se había escondido bajo las sabanas del cielo y el negro se apoderaba del mundo. Hierba esclava de la corriente, no se aprecian los colores de un paraguas en el laberinto de tinieblas.
Es de día. Dos ojos color agua despiertan con un bostezo y se precipitan por el marco de la ventana, todo parece intacto, pero el paisaje es un sueño acabado de lavar, el viento marchó, aunque se hace visible su huella en las mieses, que siguen durmiendo.