Cierro los ojos delante la efímera tarde y descubro, en un suspiro de viento, que aún sigo viva. El delirio de los días con cara de noche consumía la mecha de la esperanza. Me había perdido en un desierto falto de orillas, naufragué finalmente en medio de la tormenta de palabras y arena.
Todo es ceniza, que va al aire, que va al mar.
Todo es ceniza, que va al aire, que va al mar.
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