dissabte, 5 de gener del 2008

Hierro y madera

Tragándome las dudas sin más remedio, decido marcharme. Oigo aún vibrar el hierro de las vías por las que desapareció el último tren, pero su humo es ya invisible: queda sólo el eco del recuerdo.
Sentada en la fría estación espero, desespero.
Toda esa gente que marchó con sus billetes en blanco… el tiempo acabará escribiendo su destino.
Yo restaré sentada con manos de hielo y ojos de cristal, sin dormir, por si suenan de nuevo las alarmas, por si vuelve sin avisar el balanceo de esa vieja locomotora.