Sentada en la fría estación espero, desespero.
Toda esa gente que marchó con sus billetes en blanco… el tiempo acabará escribiendo su destino.
Yo restaré sentada con manos de hielo y ojos de cristal, sin dormir, por si suenan de nuevo las alarmas, por si vuelve sin avisar el balanceo de esa vieja locomotora.
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