Volé otra vez sin alas. En el surrealismo de mis pensamientos todo cobró un extraño color azul turquesa, debió de ser el idealismo arañando sin piedad la carne... Y un mar de roja sangre se extiende hoy sobre la hierba que había empezado ya a crecer.
Pasó el día a ser de repente cruda noche, saltándose el atardecer. Se lo comió la niebla que salió de mis cansados ojos. Quedó atrapado entre los granos de arena de aquel viejo reloj…
Soñé otra vez, sin almohada, sin razón.
Me ataré con cadenas de acero a la realidad, para así no volver a caer…
Pasó el día a ser de repente cruda noche, saltándose el atardecer. Se lo comió la niebla que salió de mis cansados ojos. Quedó atrapado entre los granos de arena de aquel viejo reloj…
Soñé otra vez, sin almohada, sin razón.
Me ataré con cadenas de acero a la realidad, para así no volver a caer…




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